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14/11/2010 - 09:39

Mundo

Gimnasio, bronceado, lavandería: el fenómeno mediático de “Jersey Shore”

Michael Sorrentino. Nicole Polizzi. Paul DelVecchio. Con estos nombres, podrían ser personajes de una nueva ficción sobre la mafia italoamericana al estilo de “El Padrino” o “Los Soprano”, pero ellos son reales, y no se dedican al crimen organizado. Se han convertido en el penúltimo fenómeno mediático estadounidense, ya que el reality show que protagonizan, “Jersey Shore”, parece que aún no ha tocado techo en lo que se refiere a popularidad y controversia.

“Jersey Shore”, formato de telerrealidad original de la MTV americana, arranca cuando ocho jóvenes de Nueva York y alrededores viajan hasta Seaside Heights, en la costa de Nueva Jersey, para pasar el verano. No se conocen, pero tienen en común su ascendencia italiana y unas incombustibles ganas de juerga. Muy pronto se encontrarán compartiendo casa y trabajando juntos, algunos entablando amistad, otros algo más y los menos rompiendo la armonía del apartamento vacacional.

Tienen entre 20 y 27 años, y se han hecho más famosos con sus apodos que con sus nombres reales. Mike “The Situation”, Snooki o Pauly D están en boca de todos en Estados Unidos, y son tendencia en Twitter un día sí y otro también. Pese a que ellos tres se han erigido en iconos del programa, les acompañan otros jóvenes con un papel más secundario como Angelina, Jenni o Ronnie, este último de sangre puertorriqueña y el “toque hispano” que todo show americano debe tener, aunque gire en torno a otra minoría étnica.

Es curioso cómo todos se autoproclaman “guidos” (“guidettes” en el caso de las chicas), cuando es este un término tradicionalmente utilizado para referirse de forma despectiva a los americanos de origen italiano de clase sociocultural media y baja. Históricamente, el concepto “guido” ha ido asociado a las ideas de una familia numerosa y unida, grandes banquetes de comida italiana y negocios más o menos turbios.

Los muchachos de “Jersey Shore”, con declaraciones que harían retorcerse en sus tumbas a sus antepasados europeos, creen que un “guido” es alguien que vive por y para su aspecto físico y entiende el ocio como forma de vida. Su estilo vital ha sido reducido a su mínima expresión en el trinomio “GTL” (Gym, Tan, Laundry), ya que cuando no están en la discoteca, los lugares más probables donde encontrar a uno de estos jóvenes son el gimnasio, la cama solar o la lavandería. Con estas siglas se promociona la serie, y las reacciones no se han hecho esperar.

Infinidad de particulares y asociaciones han puesto el grito en el cielo, denunciando “Jersey Shore” como un formato que hace flaco favor a la imagen del colectivo italoamericano. Ya antes de su estreno, y sólo juzgando el aspecto de las promos, la mayor asociación de italianos en América, UNICO, pidió formalmente a MTV que retirara el programa de sus parrillas. Con el show ya en el aire, otras asociaciones similares han reiterado que cualquier analogía con la realidad italoamericana es pura coincidencia, y grandes compañías como Domino’s Pizza han retirado su publicidad de los breaks comerciales del programa.

Mientras tanto, y ajenos a todo, los protagonistas del huracán mediático hacían delante de las cámaras lo que mejor sabían hacer: beber grandes cantidades de alcohol, alternar en cada bar de Nueva Jersey y hablar de sexo más que practicarlo. Entre todas estas figuras, descerebradas pero con un innegable magnetismo para las cámaras de televisión, destaca la pequeña gran Snooki (Nicole Polizzi), una joven hiperbronceada de 1,55 de estatura que posiblemente haya conseguido un récord histórico de concentración de palabrotas en televisión.

Snooki no sabe lo que es el pudor, ni cuando se mete en el jacuzzi con todos sus compañeros masculinos (en el primer episodio), ni cuando opina sobre lo divino y lo humano. A MTV, que intenta cubrir cada palabra malsonante con un sonoro “beep”, la cosa se le pone complicada cuando se trata de editar las declaraciones de Snooki.

Entre interminables fiestas y alguna que otra discusión de gran calado, el verano de 2009 llegó a su fin, y también la primera temporada de “Jersey Shore”. Detrás dejaba las mejores audiencias de un reality show en MTV, dos ediciones en DVD y una profunda repercusión social en los Estados Unidos. Todo el mundo hablaba de estos chicos, y casi todo el mundo lo hacía mal, pero ahí estaban los datos económicos para respaldar a MTV en la idea de que “Jersey Shore” era una gallina de los huevos de oro que había que exprimir.

En la primavera de 2010 se grabó la segunda temporada, que trasladaba a los protagonistas a las playas de Florida; en un interesante giro, los “guidos” abandonaban el estado donde son mayoría para enfrentarse al mundo latino de Miami. Actualmente se produce la tercera, que se emitirá en EEUU a principios de 2011.

El fenómeno ya extiende sus tentáculos hacia Europa: la mayoría de las filiales de MTV en el viejo continente ya han estrenado las dos primeras temporadas, con moderado éxito en comparación con Estados Unidos. Para continuar con esta campaña de expansión global, el domingo 7 de Noviembre Pauly D y Snooki colaboraron en la gala de los Premios Europeos de la Música (EMA) de MTV, que se celebraron este año en Madrid.

En Estados Unidos, la repercusión del programa no se ha quedado en la calle, y los chicos han sido invitados como comentadores de actualidad en numerosos talk shows. En el popular “Lopez Tonight” protagonizaron una serie de sketches en los que parodiaban las películas más famosas del año, como “Avatar” o “Inglourious Basterds”. Trey Parker y Matt Stone, los creadores de “South Park”, supieron ver todo el potencial de “Jersey Shore” y lo plasmaron en el episodio “It’s a Jersey Thing”, en el que una epidemia de estupidez y falso bronceado asola el país.

Nadie sabe cuánto durará el fenómeno, ni hasta dónde puede llegar. Después de emitirse las dos primeras temporadas, los ocho jóvenes parecen cada vez más conscientes de su propia fama, lo que puede hacerles perder la vulgar frescura que les ha hecho famosos. Angelina, la más inteligente de un grupo que no destaca por su perspicacia, ya ha abandonado el programa.

El paso del tiempo es otro factor que juega en contra de la lucrativa maquinaria que alimentan, y más en un colectivo en el que el matrimonio y los hijos suelen llegar antes de los 30. Algo de lo que es consciente MTV, que cada vez deja menos tiempo antes de embarcarles en nuevas aventuras.

Por Juan López (dpa)

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