jueves 21 de noviembre de 2019
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OPINIóN | 15-10-2019 17:10

Adiós al porteño con cara de tramposo y ojos de atorrante

Dios le dio el don de escribir con alma de tango y casi todas sus canciones hoy son una que sabemos todos. Tremendo pero querible, te digo hasta siempre y te sigo cantando...

Marcela Tarrio
Marcela Tarrio

Editora Jefa Periodística Multimedia de Perfil.com. Miembro de APTRA.

Irreverente, seductor, más porteño que el Obelisco, con Cara de tramposo y ojos de atorrante, pero sobre todas las cosas, querible. Más allá de alguna barrabasada que haya dicho Cacho Castaña, y por la que siempre pedía disculpas, un tipo adorable al que encima Dios dotó con una pluma única con alma de tango. Y no por escribir pensando en el 2 X 4, porque no hay fiesta donde no pongamos desde La reina de la bailanta hasta Hay que atrapar al ladrón, sino por esencia. El amor y el desamor hechos letra en las canciones románticas que después, él o todos los que lo versionaron podían cantar como tango o como baladas maravillosas, pero letras que seguramente te acompañaron en distintas etapas de tu vida. A mí, en casi todas...

Decime, mujer, decime, varón, si nunca le deseaste a tu ex eso de Ojalá que no puedas. Si Nunca te enamoraste mirando aquella telenovela llamada Un mundo de veinte asientos al escuchar la cortina que decía Para vivir..., se necesita una gran amor para vivir... Decime si nunca te animaste en un karaoke, después de Si te agarro con otro te mato, a cantar ese tangazo con la mejor definición del flaco Goyeneche, una metáfora sublime, porque Garganta con Arena es magistral desde el título y hoy ya es una que sabemos todos, incluso aquel al que no le gusta el tango. Y decime si alguna vez, después de tantas decepciones, no tuviste ganas de cantarle al gran amor de tu vida aquello de Y apareciste tú. Y ni hablar cuando terminando los 49 y pegando la vuelta al almanaque, te masoqueaste un poco en el espejo con aquello de “Voy camino a los 50 punto y coma de la vida, sin pensar, sin darme cuenta cerca del punto final. Esquivando los espejos que antes fueron mi alegría, y hoy los miro desde lejos para poderme peinar...”. Y decime, varón, si nunca penaste, arrepentido cantando aquello de “Por esa puta costumbre, de andar haciéndome el vivo, del que se la sabe todas y todas las ha vivido. Del que tuvo mil amores, llorando sobre su almohada. Por esa puta costumbre, al final no tengo nada”.

Pocos como Cacho Castaña, autodefinido Cacho de Buenos Aires, pudo reflejar la esencia del porteño, pocos como Cacho lograron empatizar con todas las edades por igual y pocos como él pudieron despegar de aquel galancito de películas pasatistas y canciones divertidas a un autor exquisito. Y pocos tuvieron tantas ganas de darle pelea a la vida, con mil y una internaciones y haciéndonos creer que ya estaba, que era el final, para después volver al escenario, renaciendo como el ave Fénix o apareciendo con su ya mítico Café la humedad.

Te vamos a extrañar tanto, te vamos a extrañar en serio. Pero sabemos que estás en paz, y seguramente escribiendo tu próxima canción. Aquí, en tanto, en tu Buenos Aires tan querido, ese que tanto conocías, te recordaremos cantándolas a todas. Como antes, como ayer, como siempre...

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