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25/10/2017 - 16:33

El humor, territorio masculino

La revolución de las mujeres ya empezó

La mirada de Dalia Gutmann (*) sobre su propia historia al encarar el desafío de meterse en un terreno casi exclusivo de los hombres. Los chistes obvios y el machismo.

Mil veces me preguntaron “¿es más difícil hacer humor siendo mujer?”, y casi automáticamente respondo siempre “no sé, nunca hice humor siendo hombre”. Honestamente intento no pensar demasiado en esto, trato de concentrarme en hacer bien mi trabajo, en animarme a vivir plenamente mi vocación, en aprovechar cada una de las oportunidades que se me van presentando y, cada vez que pueda, incluir la mayor cantidad de mujeres en mi entorno laboral.

Trabajar con mujeres me encanta. La mayoría son muy responsables, honestas y le ponen una garra impresionante; pero durante mucho tiempo tuvimos mala fama: se decía que las minas éramos jodidas, bichas y competitivas. Y aunque por supuesto debe haber un montón así, creo que no es nuestro rasgo mas característico.

Igual, diga lo que diga hay una realidad: querer dedicarte a algo que durante tantos años fue territorio casi exclusivo de hombres es un gran desafío…

Alguna vez, haciendo un curso de stand up un profe me aconsejó “intentá no caer en el típico cliché de hacer humor minita, aburre”. Y si bien estoy segura de que el profesor que lo dijo es una buena persona, creo que lo que trataba de decirnos era que “el humor de mina” suele relacionarse con temas menores.

Por supuesto, no le hice caso: desde hace muchos años hago un show que se llama Cosa de minas y disfruto hablar de las cosas que me pasan por haber nacido mujer. Porque creo que todavía nos queda mucho por contar, porque las minas no somos los seres delicados y femeninos que a la cultura machista le gustaría que seamos. Somos mucho más que eso, y a mí me divierte contar esa parte. Disfruto de las risas del público y me fascina ver a la platea masculina reírse y sorprenderse escuchando acerca del universo de las mujeres. Siento que les queda mucho por aprender de nosotras y que todavía existe un prejuicio muy grande sobre si las mujeres servimos o no para algunos trabajos en los que todavía somos muy pocas.

El otro día hablaba con una periodista que hace radio de lunes a domingo en la primera mañana. Yo le dije “todos los días te levantás a las 5 de la mañana, ¿por qué no dejás el fin de semana?”. Y ella me respondió “no puedo, soy la única mujer de la radio, no puedo dejar ese lugar”. Me pareció una gran respuesta. Para las mujeres es una responsabilidad ocupar ciertos espacios, bancar la parada, dejarles las puertas abiertas a las nuevas generaciones de chicas.

Recuerdo cuando en 2005 participé en un festival de humor en Colombia. Cuando al presentador le tocó el turno de anunciarme, dijo “este año quisimos hacer algo distinto, algo que no habíamos hecho nunca, por eso trajimos a una mujer”. Me sentí un poco extraterrestre, una rata de laboratorio, pero no me enojé. Porque creo que sólo es cuestión de tiempo. El mundo laboral estuvo durante siglos copado por los hombres, y ahora hay que tener paciencia, demostrarle al mundo de lo que somos capaces, cerrarles la boca a todos los que siguen teniendo prejuicios con respecto a las mujeres en el ámbito laboral.

Mil veces se subestimaron nuestros logros: “Seguro se acostó con medio mundo”, o “es obvio que todo es gracias al marido”. Incontables veces me preguntaron “¿Sebastián te escribe los monólogos?”. Esa pregunta debo confesar que un poco me enoja, pero tampoco me caliento demasiado porque, además, sé que el tiempo va poniendo todo en su lugar…

Pertenezco a una generación sándwich: madres que se han educado en el machismo, creyéndose el cuento de que es responsabilidad de la mujer ocuparse de la casa y de los hijos, y que los maridos “nos ayudan”. A su vez, nuestras hijas viven el feminismo (la igualdad de derechos) con una naturalidad encantadora. Y en el medio estamos nosotras, las que rondamos los cuarenta, tironeadas entre esos dos extremos, recolectando culpas de acá y de allá.

Confío en que todo se irá acomodando, en que la revolución de las mujeres ya empezó y no hay marcha atrás. En que el mundo se tiene que adaptar a esta nueva realidad, y el que no la entiende se quedó en el pasado…

Recuerdo cuando a principios del año 2000 entrevisté al escritor Abelardo Castillo y me dijo algo que nunca pude olvidar: “Este siglo es de las mujeres; nosotros ya hicimos bastantes macanas, ustedes tienen otra inteligencia y saben cuidar mejor el planeta”.

Sin dudas, muchas cosas empezaron a cambiar en este nuevo siglo, y las mujeres cada vez tenemos más protagonismo. Será que finalmente llegó la hora de animarnos a ser quienes realmente tenemos ganas de ser.

*Locutora, humorista, comediante. Trabaja en Comedy Central, y se presenta en el Maipo con Cosa de minas.

Columna publicada en Diario Perfil

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