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14/11/2010 - 09:26

Mundo

Rubia teñida y ansiosa de fama, Daniela Katzenberger conquista Mallorca y Alemania

Quería posar para Playboy a cualquier precio. Intentó ser modelo, se puso pecho, participó en varios reality shows. Se hizo cantante y hasta abrió una cafetería en Mallorca. Hoy, la rubia más chabacana de Alemania es un auténtico fenómeno mediático y su programa de televisión es el rey de la pantalla.

Daniela Katzenberger tiene 24 años, poca ropa y menos estudios, pero mucho desparpajo y toda la fuerza del mundo para darlo todo hasta hacer realidad su sueño: ser famosa.

“Sei Schlau, stell dich dumm!” (¡sé listo, hazte el tonto!) es el lema que ha seguido desde el principio para alcanzar sus metas profesionales. Y en realidad, su inocencia es tal que raya en la necedad. “Si me pongo al lado de alguien gordo, me siento flaca. Si estoy junto a una persona mayor, me siento joven”, es una de las expresiones que ya a nadie asombra.

Lo de querer ser famosa, le venía de familia. Su madre, Iris Klein, participó en la décima edición de “Gran Hermano” en Alemania e incluso sacó su propio single “Hallo Deutschland” (“Hola Alemania”).

Ahora es su hermana pequeña, Jenny, de 18 años, la que la acompaña a todos sitios y sale en sus programas, como antes hacía su madre. A la joven también le gustaría ser famosa, según confesó esta semana en una entrevista con el diario alemán de masas “Bild”.

Ninguna de las tres es demasiado coherente en sus declaraciones, las de Daniela tienen mucho de bizarro, se pasan de ridículas y su palabra preferida es “Scheisse” (mierda). Pero con ellas se ha ganado la simpatía y fidelidad de miles de alemanes: según el buscador de internet 123People.de, Katzenberger fue el segundo personaje famoso más buscado el año pasado en Alemania.

Realizó una formación profesional en cosmética y comenzó a posar poco después como modelo de calendario. El único problema que tenía para aparecer desnuda es que consideraba sus pechos algo pequeños, así que no dudó en echar mano generosamente de la silicona.

“Noto como explotan mis músculos. Duele muchísimo, es como si me hubieran encajado balones de fútbol”, dijo públicamente y sin pudor al salir del quirófano.

Antes de ello, no tenía reparos en contar ante las cámaras que utilizaba un “push up” encima del otro. “No soy David Copperfield, pero tengo mis trucos”, bromeaba.

Ahora quiere quitar “complejos” a su hermana Jenny, que también se queja de poca delantera. “Dani me ha prometido que me regalará tetas más grandes cuando cumpla 21. Algunos reciben un coche en su cumpleaños; yo, melones”, dijo a “Bild”.

La figura de Daniela gusta o desagrada, pero no deja indiferente: teñida de rubia platino se depiló las cejas para tatuarse unas nuevas bastante más arriba, luce un oscuro moreno de solarium y unas largas uñas con todo tipo de brillantes y aplicaciones.

Viste prendas apretadas que con frecuencia dejan al descubierto su ropa interior y dice abiertamente que lleva dos kilos de maquillaje en la cara. “Estoy triste, querría llorar, pero estoy demasiado maquillada”, reconoció esta semana en su programa, en el que quería celebrar su cumpleaños, pero ni su madre apareció.

Ganó el premio “Topmodel of the world Mallorca”, una isla que la dejó prendada y en la que después decidió abrir su propio café, “Café Katzenberger”, en Santa Ponça.

Todo el proceso, desde la elección de local y la renovación hasta la turbulenta inauguración a mediados de julio, fue seguido de cerca por unos 2,29 millones de espectadores a través del reality show “Goodbye Deutschland-Die Auswanderer” (Adios, Alemania-Los emigrantes), emitido por la cadena de televisión de pago VOX.

Antes de ello, en abril de 2009, había participado en un programa similar en la misma cadena, “Mein Auslandstagebuch” (Mis diarios en el extranjero), donde varias cámaras la siguieron a Los Angeles en su intento de convertirse en modelo y conocer al jefe de Playboy. Su madre, Iris, no la dejó sola ni a sol ni a sombra.

A mediados de este año firmó un contrato con la discográfica EMI y en agosto presentó su single “Nothing’s gonna stop me now”. Su fama ya era indiscutible: desde septiembre tiene su propio programa: “Daniela Katzenberger – natürlich blond” (Daniela Katzenberger, naturalmente rubia, haciendo un juego de doble sentido).

Su éxito es un absoluto fenómeno. Tiene varios clubs de fans, blogs y miles de personas que creen en ella y siguen fielmente sus consejos, sobre todo ése de “no te fíes de nadie, sólo de tí mismo” que ella repite con su inconfundible acento.

El éxito de “la Katzenberger”, como la llaman en Alemania, se debe a factores que la hacen humana y sencilla, una simpática chica de la calle que se ha convertido en estrella gracias a su fuerza de voluntad y a su incansable trabajo, y que no tiene miedo a decir lo que piensa, aunque sea ingenuo o incluso ridículo.

Además, muchos aprecian sus valores: para ella la familia es lo más importante, siempre aparece con su madre o su hermana y repite a diario que le faltan un marido e hijos.

“El hombre de mis sueños es rubio, con barriga y tatuajes en los músculos”, dice abriendo las puertas de su apartamento, un sencillo espacio decorado con muebles baratos.

Daniela Katzenberger no intenta ser quien no es. “Quiero hacer algo propio, algo donde pueda demostrar mi personalidad”, repite esta rubia de metro setenta que pese a su forma de vida no provoca escándalos ni crítica y a miles les divierte.

Por Rosa Aranda (dpa)

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