sábado 22 de febrero de 2020
Perfil.com
OPINIóN | 13-09-2016 10:41

Cornadas y vestidos de seda

Por Marcela Tarrio | El encuentro entre Amalia Granata - Susana Giménez y el perdón de una infidelidad

Si hay un tema que da para filosofar largo, tendido y a todo nivel, desde la psicología más básica y barata hasta la del diván mejor reputado del universo es si la persona cambia o si por más que se vista de seda, el mono y la mona, monos quedan... Y eso me preguntaba yo anoche al ver a Amalia Granata, embarazada de seis meses, sentada en el living de Susana, explicando las razones por las que decidió darle una segunda oportunidad a su flamante pareja, Leonaro Squarzon (tan flamante que chatearon por primera vez en abril, ella voló a Miami sin valijas a conocerlo y allí gestaron al bebé en camino) tras, literalmente, meterle los cuernos con una impresentable conocida como Paula Linda, alias “quiero fama y la quiero ya”. Tranquila, superada y sonriente, soportó airosa que una mujer del público le gritara lo que todas estábamos pensando desde casa: “¡¡¡Amalia, te lo va a volver a hacer!!!!, pero lejos está de mí juzgar a Granata o a cualquier mujer sobre la faz de la Tierra que tome una decisión así, porque en el corazón de uno manda uno y él tiene razones que la razón no comprende, como dijo el gran Pascal. Mi pregunta es otra. Y tiene que ver con saber si esta Amalia de anoche, que un día decidió estudiar periodismo y sacó diploma y que hoy quiere ser política y ya está militando de la mano de De la Sota en el frente UNA, es la misma del Robbie Williams Gate; la del Ogro Fabiani, la del Gran Hermano Famosos haciendo pis en el pasto y la que, igual que Flor Linda, también gritaba con cada uno de sus actos el ¡¡busco fama y la voy a encontrar!!

“Yo también metí los cuernos, fui amante, fui amiga, fui todo, de qué me voy a asustar, se mandó una cagada, me dolió, claro, pero ya está..., ya aprendió, y si me lo vuelve a hacer, bueno, ahí sí...”, explica ante la mirada de Susana tratando de asimilar cómo “corno” no le tiró un cenicero marca Roviralta por la cabeza al tal Leo, allí, sonriente y de cuerpo presente jurándole amor eterno a su chica. Yo tengo mi respuesta a la pregunta del principio, y supongo que ustedes también, pero más allá de las cornadas -algo cantado viendo cómo comenzó el romance (él pidiéndole a una amiga famosa que le consiga el teléfono de Amalia porque le encantaba)- y de la frase de la señora de la platea con la que coincido absolutamente, de algo estoy aún más segura, y es de que si Granata se convierte en política y un día quiere llegar a la Rosada, la que se va a Miami sin valijas soy yo...

Por Marcela Tarrio | Tw: @marcetarrio

Galería de imágenes

En esta Nota

Más en

Comentarios