Luis Brandoni y Eduardo Blanco (Netflix)
CRÍTICA

“Parque Lezama”: Campanella y una lección sobre el tiempo, la memoria y la amistad

Dirigida y escrita por Juan José Campanella, esta excelente readaptación de la obra de teatro homónima desembarcó en los cines, antes de estrenarse el 6 de marzo de 2026 en la plataforma global.

Una historia que tranquilamente podría ocurrir en cualquier época y aun así seguir conmoviendo. Dirigida por Campanella y protagonizada por Luis Brandoni y Eduardo Blanco, el film trasmite química actoral, verdad pura en las miradas e inteligencia narrativa.

Humor, política y humanidad en clave cinematográfica

La obra teatral (basada a su vez en I’m Not Rappaport de Herb Gardner), fue un fenómeno de permanencia y convocatoria en la cartelera porteña. Sin embargo, claramente esta adaptación cinematográfica presentaba un desafío: cómo contar una historia donde todo ocurre en un mismo lugar. No obstante, Campanella logró que una historia que transcurre en una plaza, específicamente en un banco de plaza, trasmita muchísimas emociones. Lo que destaca aquí es la actuación de Brandoni y Blanco, dos grandes actores, con gran trayectoria que ya habían encarnado en el teatro a estos personajes, pero que ahora tenían que hacerlo bajo el lente de la cámara. El resultado es una pieza nostálgica, emotiva, cargada de humor, lecciones y que deja al espectador pensando en el tiempo y en los momentos de la vida. 

“Parque Lezama”: Campanella y el arte de filmar la palabra en tiempos de ruido

En una actualidad atravesada por la inmediatez y un cine que debe exagerar todo para que el espectador se quede viendo la película, Parque Lezama, irrumpe y demuestra que una buena narrativa y buenos actores bastan para que una película atrape al público. Un film que no necesita de grandes locaciones, ni efectos especiales, ni planos estratégicos, ni muchos personajes, ni giros de trama rebuscados.

Campanella elige no huir del origen escénico, sino que lo readapta. La cámara no invade, observa, acompaña, deja ver lo único que importa: la verdad.

Primeros planos y  silencios, transforman el banco de un parque en un territorio emocional. El espacio, el histórico Parque Lezama, deja de ser un simple decorado y se convierte en símbolo.

Parque Lezama

Vejez y dignidad: una conversación que incomoda y abraza

Brandoni y Blanco tienen diálogos profundos y orgánicos, donde nada se siente forzado sino una realidad que atraviesa a sus personajes.

León, por su parte es combativo, irónico, incómodo y profundamente humano. Su voz no solo pronuncia líneas: sostiene convicciones, recuerdos y heridas. Construye mil vidas, porque una no le es suficiente, es todos sus personajes y el mismo a la vez.

Antonio, por otro lado, compone un contrapunto emocional exquisito. Su personaje parece moverse con prudencia, pero en el fondo sabe que está viviendo una aventura de la que no puede escapar.

Hay en su interpretación una conciencia del tiempo que atraviesa cada gesto.

Lo que llega a la conclusión de una amistad. Ellos no eran amigos de la infancia, solo eran dos personas las cuales se sentían solas, de a poco marginadas de la sociedad, el edadismo los atravesaba, marcando como las personas jóvenes parecían no entender que la vejez es inevitable.

Dos humanos, que aunque renagaban uno del otro se tenían, tenían una plaza, bancos de plaza, un poco de pasto y muchas historias.

Lanzamiento y apuesta de Netflix: apoyo al cine argentino

Que la película se estrene en cines antes de que se encuentre disponible en la plataforma, demuestra que la industria nacional puede crear piezas que funcionen para ambos lenguajes.

Sin ritmos frenéticos y estímulos constantes, con política, pero no meramente en términos partidarios, sino sobre convicciones. Sobre lo que significa sostener una idea cuando el mundo parece haber cambiado demasiado rápido. Diálogos existenciales que hacen reflexionar.

Una obra madura, sostenida por actuaciones enormes y por una dirección que entiende que un gran historia puede suceder en un banco de plaza, cuando dos hombres deciden  simplemente hablar. Y en ese gesto mínimo, radica su mayor potencia.

Un film con identidad porteña, amistad, humor, el tiempo como concepto y gran intensidad emocional: “A veces está bueno hablar con extraños”.

 

Por: Bianca Vaamonde

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