Domingo 25 de octubre de 2020
DESTACADA | 18-03-2020 18:10

La cruda experiencia de Augusto Tartúfoli y un parto en plena pandemia

El periodista de Confrontados escribió para Exitoína el relato de lo que fue el nacimiento de su hija Faustina en plena Gripe A.

Por Augusto Tartúfoli

Es un drama. Es una comedia. Es una comedia dramática como la que nos gustaba ver en el proyector sobre la pared blanca, antes de la llegada de los smart tv. 

Con Verónica nos habíamos acostado muy tarde, en la noche rara que Alica Alicate le gano las elecciones a Nestor. 29 de junio de 2009. MiLady, embarazada de 9 nueve meses, rompió bolsa a la madrugada. “Llama a un taxi”, me dijo.

-¿Radiotaxi? Me mandás un auto a Caballito? Te paso la dirección. 

-No tengo nada. Con esto de la gripe A nadie quiere tomar el colectivo, me dijo el operador. 

Gripe A. Había nombrado a uno de los jinetes de Apocalipsis. En junio de 2009 Argentina vivía el brutal castigo de la gripe H1N1, que causó casi 700 muertes

Llegamos a una sombría clínica Trinidad en Palermo, de noche, en un taxi cuyo chofer iba muerto de miedo mirando a gente caminando como zombies, con barbijos. "Acaban de declarar la pandemia de gripe A", decían en Radio 10. "Cierran las escuelas porque los muertos se cuentan por decenas", seguían en tono alarmista."Falleció un bebé de 3 meses por la gripe", dijo el locutor, mientras bajábamos. Por suerte, mi esposa no lo escuchó. Pero yo sí. Y fue mi fantasma hasta que pasaron dos inviernos. 

Faustina nació por cesárea el 29 de junio, el día que declararon la pandemia y cerraron las escuelas. La Trinidad parecía un hospital de campaña, con médicos corriendo de un lado al otro, sillas de ruedas, tubos de oxígeno, plasma: escenas de MASH. 

Cuando llegué a la habitación, después de bañar a la recién nacida junto a una enfermera e ir a desayunar, me encontré con una marca escarlata en la puerta y un cartel de Restringido. 'What the fuck?'. 

"No puede pasar, señor", me dijo un médico. "Peroooo... soy el padre...", dije. "La mami tiene fiebre, tos, dolores. Puede ser gripe". 

Imagínense. Era como si me hubiera caído una nevada mortal. Mi esposa, la madre de mi bebé con horas de vida, tenía gripe. ¿Qué gripe? ¿A? ¿B? ¿C? ¿D? Qué se yo. Todo era un delirio. Los médicos me mandaron a comprar no sé qué cosa y cuando regresé y me dejaron pasar entré a un cuadro impresionista de siglo XXI: una parturienta con mascara, una enfermera con un tubo de oxigeno, un medico con traje de astronauta, una mucama con barbijo, una bebé que no se reía. 

Afuera, el viento con acero de mayo seguía soplando en junio y llovía esa lluvia como de alfileres de acupuntura: algo que molesta pero no mata. Pero eso no detuvo a nadie que quiso saludar por la buena nueva. La recepción de la suite se transformó en lo que bien puede ser el placard de canjes de Susana Giménez. Cada 5 minutos llegaba un regalo: flores, plantas y chocolates por parte de Claudio Villaruel, ropita deluxe por parte de Verónica Lozano, baby kits por parte de Endemol y Canal 13... Hasta que el médico de piso se enojó y mandó todo a un depósito al grito de “esto no es un hotel”. Tenia razón, pero no. 

Cansado por la situación de stress, la tarde del día 2 me dormí una siesta en la recepción de la suite, donde había sillones dobles, muy cómodos. Me desperté por el bullicio en la habitación y me asomé, despistado. En tan solo 24 horas habíamos pasado de un cuadro impresionista a una pintura de una bacanal de Jan Steen. Productores de Telefe y Endemol, artística de AM y Gran Hermano y... Leo Montero con mi hija en brazos junto a mi esposa, semi desmayada por la fiebre alta y con máscara de nebulización. 

"Entonces, repasemos", decía una neonatóloga de cabello blanco. "La mami tiene que darle el pecho cada dos horas y que tome su medicación lejos del horario de amamantamiento". "¿Repasemos qué?", dije yo desde el fondo de la habitación con voz grave.

-¿Usted quién es?
-El padre.
-Ah, yo pensé que era el señor (dijo mirando a Montero).
-Es que Rubi esta muerta, Tartu, dejala descansar. Yo ahora te cuento todo lo que dijo la doctora.

Leo se reía con esa risa tan linda que alegró las mañanas durante 10 años en Telefe. "No, no, doctora, vamos al pasillo y me explica bien, le pedí". Mientras la profesional me hacia un coaching rápido de mis deberes y obligaciones, que incluía no permitir visitas que pudieran traer consigo el virus de la gripe A, apareció caminando Jorge Dorio con una bomba sexy vestida directamente desde el distrito rojo de Amsterdam. Me saludo y paso a la fiesta de la influenza en la habitación de mi hija recién nacida.

"¿Esto siempre es así?", me reto otra profesional, que se identificó como puericultora. "No sé, supongo que no", dije aturdido. "Es la primera vez que soy padre, perdón". 

Abrí la puerta con temor, pensando que mi hija estaba a un centímetro de los bigotes de mi amigo Dorio, pero no. Faustina estaba en los brazos de la bomba sexy. Rara visión, como encendida. Mi esposa, con la mascara puesta, no podía hablar y con los ojos, las pestañas, el mentón, las orejas y todo lo que hace un rostro me exigía: "¡Déjense de joder y traéme a la nena". 

"¿Me permitís?", le dije a la mujer de fuego que había entrado con Dorio. "La nena, dame a la nena", le pedí. No me contestaba.

-Jorge, ¿cómo se llama tu novia? No me da bola.
-No sé
-¿Cómo no sé? ¿No es tu novia?
-Nooooooo, nos fuimos juntos anoche de La Viruta y como venia a saludarte me acompañó.
-Pero, Jorge, la pandemia, gripe A...

-Nooooo, que va a estar enferma si esta fuertísima. 

Pasamos 10 días en aislamiento, mientras afuera llovía y llovía, presurosa la gente pasaba, corría y desierta quedó la ciudad, pues llovía. Yo me puse a pensar tantas cosas bonitas.

 

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