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29/04/2018 - 14:10

Entrevista

“Lo que nos une”: miradas sobre una tragedia familiar

Gabriela Toscano y Soledad Silveyra | Foto: Grassi

Por Ana Seoane | Soledad Silveyra y Gabriela Toscano estrenan Lo que nos une, acerca de la pérdida de un hijo, en El Nacional. Se quejan de la moda de las comedias, y se esperanzan con que los espectadores deseen conmoverse.

Vuelven al teatro comercial la dupla de la actriz Gabriela Toscano y el director y adaptador Carlos Rivas. Ellos estrenaron La duda, La prueba y varios espectáculos más. Ahora con la producción de Adrián Suar y Nacho Laviaguerre estrenan en el teatro El Nacional Lo que nos une, de David Lindsay-Abaire. En el elenco están Germán Palacios, Maida Andrenacci, Tomás Kirzner y, de regreso, Soledad Silveyra.

“La obra la quería producir Adrián Suar desde 2011, cuando grabábamos El puntero”, inicia la historia Gabriela Toscano; “después quedó postergada, pero a él es un material que le gusta mucho y desde el año pasado pensó en arriesgarse en producir este drama –junto a Nacho (Laviaguerre)– y la pensó para este teatro. Creo que tanto él como Carlos Rivas tienen una fe ciega en este texto. Me parece importante que en el espacio comercial exista esta posibilidad, más allá de los ámbitos oficiales. Adrián dice que es lindo llorar y conmoverse bien. Aquí estamos ensayando a pleno”.

A su lado, en una pausa de los ensayos, Soledad Silveyra asiente con cada palabra. Tuvo dos años complicados de salud, accidentes que la enfrentaron con tratamientos. “Me falta todavía rotar totalmente la cabeza y sigo con kinesiología –aclara–. Ya me había fracturado una vértebra, después me quebré la apófisis odontoide y quedé agobiada por el dolor. Venía de tres años con ‘Bailando por un sueño’ y necesitaba el anonimato, quería recluirme; lo pasé muy bien con Marcelo (Tinelli) y pude viajar, pero necesitaba volver a la actriz. El llamado de Adrián y los chicos (Rivas y Toscano) me convenció. Luego pensaré en mis propios proyectos”.

—¿Se anticipa que la obra entrecruza llanto con risa?

Toscano: Cuando se inicia es un cotidiano que hace que la gente se meta en la historia, con la muerte de un hijo y la reconstrucción de esta pareja. Hay humor porque sobre todo esta familia lo tenía y no se pierde todo con el accidente.

—¿Una familia que pierde a un hijo?

Silveyra: Mi personaje, el de la madre de Gabriela, también perdió a un hijo hace 11 años. La diferencia es cómo encara cada una esa pérdida. En el caso del papel que interpreto, la ayuda la enorme fe que tiene, mientras que la otra madre se enoja con Dios. Aquí se ve cómo todo el grupo familiar busca ayudarla a salir de este drama, para apuntalarla como puede.

—Gabriela, ¿por qué en el teatro muchas veces elegiste interpretar dramas, desde “Hamlet”, “La prueba”, “La duda”, “Macbeth”, hasta “Cómo aprendí a manejar”?

T: Me gustan mucho las obras que hablen de las familias, los niños, sus problemas; eso aparecía en Cómo aprendí a manejar con el tema del abuso de menores, creo que se anticipó a este momento…Pero también disfruto de hacer comedias, cada propuesta te da diferentes experiencias. En este espectáculo el humor está sobre los hombros de Solita.

S: Ojo, no es una comedia, pero hay ciertos momentos en los que se puede sonreír.

T: El autor decía “la obra es triste, no la hagan más triste, no se guarden los chistes”.

—¿Cómo ven nuestra cartelera actual?

T: Siempre hay mucho teatro en Buenos Aires. Estamos apostando a darles una posibilidad diferente a los espectadores. Creo que tenemos mucha necesidad de expresarnos.

S: Creo que hay algo que se ha instalado en el teatro profesional y es que la gente busca reírse; eso hizo que grandes empresarios no produjeran un drama. Sería muy importante que este espectáculo funcione, porque no solo en el teatro alternativo el público va emocionarse sino que puede hacerlo en la avenida Corrientes. Debemos agradecer a estos dos empresarios que se la están jugando con esta obra. Es un texto muy cotidiano, empieza de manera muy cercana. Tiene profundidad al mostrar cómo uno puede atravesar todo en la vida, lo importante es el cómo. Hay duelos y hay que afrontarlos, son dolores que quedan para siempre.

—Soledad, hiciste un unipersonal, “Nada del amor me produce envidia” (2013). ¿Qué balance hacés?

S: Lo disfruté mucho, aunque me equivoqué al hacerlo solo los lunes. Para mí, trabajar con el texto de un poeta del teatro como Santiago Loza fue muy rico, y sigo creyendo que ese monólogo es magnífico. La puesta y la dirección de Tantanian fueron diferentes a lo que se había hecho en el teatro alternativo con María Merlino, porque ella cantaba. Nosotros presentamos otro tipo de propuesta, con otra mirada.

—¿Que te definió para aceptar un papel tan pequeño como el que ahora encarnás?

S: Vengo de años muy golpeada con accidentes muy fuertes, con mucho dolor. Aún me falta un poco de recuperación y me pareció que acompañar a los protagónicos que hacen Gabriela y Germán (Palacios) era una muy buena manera de volver al teatro. Cuando me llamó Adrián (Suar) dudé, aunque buscó convencerme, pero luego la leyó mi hermano y terminó de convencerme. Una vez que estrenemos me vendrá muy bien trabajar así. Necesitaba la mística del teatro, la construcción de todos, casi societaria, la sociedad ideal donde no hay envidias, ni competencia ni resentimientos.

—¿Es la magia del teatro?

T: Me crié en la televisión desde chica, pero cuando pisé el escenario descubrí que era mi lugar. Con los espectadores completás la ficción, tiene que ver con la percepción. Nosotros ahora somos cinco actores, creo que es casi lo ideal; si es un elenco muy numeroso es una complicación.

S: Al público lo tenés ahí, lo escuchás respirar, es una presencia palpable.

—¿Qué es lo que más les preocupa hoy?

S: La pobreza. Tiene que ver con la economía, que debe crecer. Escucho que el Estado está para dar, pero no puede estar dando todo el tiempo. Vivíamos una irrealidad con las tarifas, mis amigos uruguayos me lo subrayaban. Como ciudadanos derrochamos. Como sociedad debemos plantearnos qué queremos. No podés sacar los planes porque quedaría mucha gente desamparada.

T: Estoy de acuerdo con Solita, y agregaría la educación. No solo la educación pública de los colegios, sino también la nuestra, como ciudadanos. No nos escuchamos. No entiendo cómo en un país tan rico no podemos levantarnos. Creo que cada uno debe poner su granito de arena, y hay que buscar el compromiso individual.

S: Tendríamos que ir a las escuelas gratis, como referentes sociales, y leerles a los pibes. Tan simple como eso.

El dolor, ese tabú persistente

Hay un aire de familia en Lo que nos une, desde el director y adaptador, que es Carlos Rivas, marido de Gabriela Toscano, hasta Bruno Rivas, músico e hijo de la pareja. “La elección de Bruno como músico es decisión de su padre –subraya sonriendo Toscano–. La música forma parte del espectáculo, pero no es la primera vez que lo convoca. Ya había compuesto e interpretado musicalmente en nuestra versión de Macbeth. En casa siempre se está hablando de teatro, lo mamó desde muy pequeño, y su visión es muy interesante. Incluso cuando leyó la obra nos subrayó que la veía muy religiosa”.

También en el mismo elenco hay otro hijo, en este caso Tomás Kirzner, hijo del productor Adrián Suar y Araceli González.

El tema de la pérdida es de una actualidad apabullante. “Vi por televisión el relato de una madre –reflexiona Silveyra– a la que le habían matado al hijo en un accidente de moto. Era conmovedor, y pensé ‘qué bueno sería que viera nuestra obra…la ayudaría’”. “Es un gran tema la pérdida de un hijo –continúa Toscano–, pero es casi tabú. Hay grupos de padres que ayudan a otros a superarlo, pero no aparecen en los grandes medios. No hay que tenerle miedo”.

La Argentina actual se filtra en el diálogo cuando se les pregunta qué posición tienen sobre el proyecto de ley para despenalizar el aborto. “Viene desde hace mucho tiempo, ahora la están tratando –aclara Silveyra–. Hay una gran hipocresía, se esconde todo debajo de la alfombra: la que puede se lo hace; la otra se muere. Me duele como sociedad, se lo hace la que puede pagar. Con este nivel de pobreza se nos complica, sobre todo con las niñas madres”.

“Me parece que hay que desarmar el gran negocio que hay detrás de los abortos –agrega Toscano–. Desearía que ninguna mujer se lo tuviera que hacer. Hay que ayudar para que las adolescentes tomen conciencia –es un hábito–, para que tengan relaciones sexuales con libertad pero tomando precauciones. El cuerpo es muy complejo, da vida”.

Mirá la entrevista a Soledad Tineyre y Gabriela Toscano.

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