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07/10/2017 - 22:15

CINE

Una argentina en el corazón de Pixar

“Como muchos, crecí viendo películas animadas como Toy Story. Hoy en día, trabajo en Pixar haciendo películas como Coco y Los Increíbles 2”, cuenta la joven.

Por Caterina Grasso (*) / Nota publicada en la edición impresa del Diario Perfil

Como muchos, crecí viendo películas animadas como Toy Story. Hoy en día, trabajo en Pixar haciendo películas como Coco y Los Increíbles 2.

Siempre me llama la atención, cuando voy al cine, ver las reacciones de la gente durante la función. Sin importar qué tan difícil la vida sea fuera de la sala, la gente al ver estas películas se divierte y por un rato se olvida un poco de todo lo demás. Es para poder generar ese mismo sentimiento en la gente que decidí dedicarme a la animación.

En Pixar trabajo como directora técnica de sets, creando los escenarios y objetos para las películas. Mi camino a Pixar comenzó cuando empecé a estudiar Diseño de Imagen y Sonido. Después de tener una clase de Generación de Objetos Digitales en 3D, me di cuenta de que esto era la combinación perfecta entre la matemática, el arte y el cine.

Después de años de estudio y trabajo, me propuse llegar a trabajar en una empresa de animación y encontré una pasantía en Pixar, donde te enseñan todo su proceso técnico para realizar las películas.

Sabía que contaba con varias desventajas. La primera era que no importaba qué tan bueno fuera mi trabajo, necesitaba una visa para poder trabajar en Estados Unidos. Otra gran desventaja era que la demás gente que aplica para esta pasantía estudia carreras específicas, y en su momento en Argentina no existía una carrera de animación 3D.

Mientras trabajaba como diseñadora, decidí realizar trabajos por mi cuenta para armar un portafolio. Finalmente, después de muchas horas de trabajo e infinitos tutoriales relacionados con el tema, terminé mi reel. No sólo me sirvió para poder aplicar para la pasantía en Pixar, sino que también me contrataron para trabajar en Metegol durante los últimos tres meses de producción.

Finalmente, me llamaron para entrevistarme de Pixar, y un mes después me estaba yendo a trabajar a San Francisco. Después de esta pasantía, regresé a Argentina y trabajé por varios años hasta que decidí especializarme haciendo un máster en Efectos Especiales. Al final del máster, me contrataron de Pixar nuevamente como pasante para el área de sets y desde entonces estoy trabajando como empleada fija en ese equipo.

La historia suena mucho más fácil de lo que realmente fue. En el medio apliqué para Pixar y otras empresas muchísimas veces y me rechazaron. Mis trabajos personales los realizaba a la noche, y sacrifiqué muchas horas de sueño, siempre lidiando con las inseguridades de si uno es lo suficientemente bueno como para poder dedicarse a lo que lo apasiona.

Incorporarme a este mundo fue un desafío, pero tuve la suerte de estar muy bien acompañada. Para empezar, el idioma a veces es un obstáculo, más que nada en lo social. Por suerte, todas las fantasías que tenía acerca de trabajar en Pixar las corroboré, y también me sorprendí con muchas otras ventajas que tiene trabajar en este estudio. El ambiente de trabajo es muy positivo y la gente, más allá de que todos son supertalentosos, son muy accesibles y superamables. Somos muy pocos los argentinos, pero en el estudio hay gente de todas partes del mundo.

Trabajar en Coco para mí fue muy especial, porque siento una conexión muy fuerte con la historia y los personajes. Más allá de esto, artísticamente es una película superinspiradora y única en su estilo. Viviendo lejos de casa, ver Coco, donde se puede sentir la fuerte conexión dentro de la familia del personaje principal, me hace extrañar a la mía y apreciar la fuerte conexión que tengo con ellos.

Creo que la mayor diferencia en la industria del cine de animación de Argentina está en la escala de las producciones. En Estados Unidos hay una industria del cine de animación ya establecida que hace muchísimas películas por año. En Argentina, si bien el capital humano está capacitado, tenemos un poco menos de experiencia y hay menos recursos. Creo que la brecha tiende a achicarse. Por suerte, cada vez hay más y mejores producciones en el país. Hoy en día sigue siendo un desafío para mí poder seguir mi vocación en Pixar, el estudio cuyas películas generan lo que yo siempre quise generar como artista en la audiencia. Me encantaría poder seguir trabajando acá por un tiempo, para luego poder volver y promover la industria argentina del cine de animación.

*Animadora digital, se desempeña en la sede central de Pixar, en San Francisco.

 

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