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10/01/2017 - 12:06

Entrevista

Humberto Tortonese: “Nuestro pueblo es un poco falso”

Humberto Tortonese

El actor estrena en el Maipo una obra donde interpreta a Dios. Asegura que el argentino es chanta hasta para la religión, y que dejó la radio con Vernaci porque iban a bajarle el sueldo.

Humberto Tortonese terminó el 2016 con un estreno y una despedida. Su decisión de interpretar Obra de Dios de David Jaberbaum en el Maipo fue casi simultánea a la de irse de la radio, donde todas las mañanas compartía micrófono junto a Elizabeth Vernaci.

“Lo último que hice en el teatro fue con mi amigo, Eusebio Poncela, Las estrellas nunca mueren (2011) –recuerda–. El es un muy buen compañero de trabajo. Lo pasé muy bien, aunque el espectáculo no funcionó con el público”. Tal vez vuelva como actor a la televisión, ámbito que lo tuvo como jurado en Tu cara me suena, pero que desde hace dos años no cuenta con él como actor. Lo último fueron algunos capítulos para Viudas e hijos del rock and roll que emitió Telefe. Se lo ve cansado, se levantó muy temprano y luego de la radio ensayó hasta las ocho de la noche, sin haber almorzado. A pesar del ritmo, Tortonese nunca pierde su sonrisa, su humor, su calidez, la misma que siempre lo caracterizó. Es sincero en sus declaraciones, pero es evidente que no quiere quebrarse frente a un grabador cuando se le pide el por qué de su partida de la radio.

Sentí que se terminaba un ciclo. Este año ya se veía que la radio (FM 89.9), nueva, iba a bajar los sueldos. En septiembre anuncié que me iba a ir. No tienen por qué perder plata. Y por esa misma fecha Lino Patalano me llamó para ofrecerme este texto y me gustó volver a actuar sobre un escenario. Estaremos sólo hasta abril porque en ese mes regresará Ricardo Darín con Escenas de la vida conyugal. Así no habrá desgaste. Me parece mejor empezar con pocas funciones, de jueves a domingos”.

—¿Cómo es Obra de Dios?
—Tiene mucho texto, será una hora y media dialogando con Roberto Peloni (el arcángel Miguel) y Agustín Corsi (el arcángel Gabriel), con dirección de Gustavo Zajac. Aquí se retoman Los diez mandamientos y se proponen nuevos. La adaptación del inglés la hizo Elio Marchi y tuvimos libertad para volver a revisarla o cambiarla. No creo que nadie se ofenda por esta obra, es una comedia, donde Dios se encarna en un actor, que soy yo. El espectáculo tiene una estética revisteril, por lo cual el Maipo es el escenario ideal, con el diseño de vestuario de Renata Schussheim.

—Primero fue Moisés y los diez mandamientos por televisión y ahora encarnarás a Dios con otras tablas…
—Es algo raro. Se vuelve a una estructura moral, antes no teníamos tanto cuidado en la Argentina. Lo veo como una involución. Esta es una época así. Nuestro pueblo es un poco falso, con mitos. El argentino es medio chanta, hasta para la religión. También somos sufridos. Vamos a usar en la obra alguna referencia a ese éxito televisivo. Aquí explica de manera sencilla los nuevos mandamientos y se ve un Dios que se enamora de Abraham. Aclara lo que le pasó y muestra sus errores. Hay una referencia al Papa argentino, en el texto se dice que lo hizo para verle la cara a la gente.

—¿Sos un hombre de fe?
—Tengo creencias mías y propias. Si alguien se muere pienso que se va a algún lugar, hay algo, en otro lado. No imagino cómo. Nunca le tuve mucho miedo a la muerte. Mi madre falleció cuando yo era muy chico, estaba en tercer grado de la escuela, después Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, personas tan creativas. Extraño a esos seres, pero siempre busqué divertirme con el trabajo, pasarla bien. Me pasó tanto en la radio, en la televisión como en el teatro.

—¿Qué recuerdos te dejó tu época del Parakultural?
—Eran tiempos del inicio al retorno democrático, se palpaba todavía el autoritarismo en la Policía. Empezamos a trabajar en libertad, ya no teníamos miedo, pero provocábamos junto con Las gambas al ajillo. Batato se lanzaba a ser un clown travesti, teníamos lo teatral, sin el glamour de Caviar. Entramos a la televisión de la mano de Antonio Gasalla, él nos veía y se le ocurrió llevarnos y funcionó.

—Los empresarios declararon que bajó un 25% la asistencia a los teatros.  ¿Cómo lo vivís? ¿Tenés un público?
—Todos apuestan. No me da miedo, pero sabemos que hay costos que no se pueden bajar más. Habrá entradas desde $200 y las más caras a $500, pero es importante que se haga. No cobré los ensayos para poder estrenar. Cada uno aporta desde su lugar. Creo que hoy las redes sociales te ayudan mucho. También hay seguidores de la radio que nunca me vieron en el teatro. Chicos de más de veinte o treinta años que no me conocen sobre un escenario, pero vieron los sketches por YouTube. Espero que se sumen como espectadores de teatro. Creo que quedarse en Buenos Aires es una buena opción, con una cartelera muy intensa y con muchos estrenos.

Por Ana Seoane para Diario Perfil

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