Exitoina

RSS

G Plus

Facebook

Twitter

 
24/10/2015 - 11:10

Habla de todo

Nicolás Cabré: “La actuación no es una prioridad en mi vida”

Dice que su trabajo es una alegría y que valora que en el país cada cada uno pueda decir lo que quiere. Habla de su hija Rufina y del momento personal que atraviesa.

Por Alfredo Mera | Publicado en la edición impresa de Perfil

“Me encanta lo que están haciendo de Nicolás, buena parte de su trabajo tiene que ver con las miradas y los silencios. ‘En el caso de Daniel Hernández, es muy importante eso, porque efectivamente era el álter ego de mi padre, un hombre que hablaba muy poco’. El peso de la mirada y los silencios eran muy importantes en él. Cabré lo está logrando de una manera extraordinaria”, cuenta encantada una Patricia Walsh que fue hasta la TV Pública a ver el primer programa de Variaciones Walsh, adaptación de Alejandro Maci que recupera los cuentos policiales del periodista y escritor en 12 capítulos.

Fue una alegría cuando esta opinión llegó a los oídos del protagonista de la historia. “Uno de los objetivos era ése: que fuera un homenaje para él y que su familia estuviera contenta. En ningún momento tratamos de imitarlo. Si bien sabemos que es el álter ego y que de hecho firmó cartas con el nombre de mi personaje, Hernández no es Rodolfo Walsh. Es evidente e inevitable que haya características suyas, como la aguda observación y que tampoco habla de más”, afirma Cabré, alguien que también mira fijo fuera de cámara y que de locuaz tiene poco, salvo cuando habla de su trabajo y de su hija, Rufina.

—¿Cuánto conocías de la obra de Walsh?
—Por esto me interioricé un poco. Había leído La Granada, por supuesto conocía la carta abierta y no mucho más. Claro que sabía quién era, pero no estaba muy empapado de su obra, pero eso es lo bueno que tiene esta profesión. Te abre puertas y encontrás personas y conocimientos que a lo mejor de otra manera no buscarías.

—Walsh fue alguien que dio la vida por sus ideas. ¿Cuáles son tus convicciones no negociables?
—No soy un hombre de fuertes convicciones (ríe). En serio, soy esto que soy. Algo no negociable es eso. Yo tengo mi manera de hacer las cosas y la gente ya sabe a qué me refiero. Voy con la verdad siempre y no trato de vender otra cosa… (Piensa) De todos modos, es raro compararte con un hombre que peleó, vivió y murió por sus ideales. Hoy los tiempos son otros y compararme con algo así se me hace imposible, sin pensar que le falto el respeto a mucha gente que luchó tan fuerte por lo suyo.

—¿Con qué tuviste que lidiar para encarar este personaje?
—Principalmente, lo que sentí es alegría. Tener la posibilidad de hacer estas cosas en televisión no se da siempre. Son oportunidades lindas para crecer y para conocer. Así es la profesión, tener la posibilidad de encontrarte con gente y tener un montón de incentivos y de objetivos que te podés poner cuando aparecen estas cosas.

—Si tuvieras que definir prioridades de tu vida, ¿en qué lugar ponés la actuación?
—Si me hablás de prioridades, te hablo de mi hija. Si pienso en eso, automáticamente aparece ella. Todo lo demás no está ni siquiera cerca. Si bien disfruto y soy un privilegiado, la actuación no es una prioridad en mi vida. No soy alguien que piense permanentemente en aspiraciones profesionales. Viví mucho tiempo así, pensando “ahora qué viene”. Hoy mis pensamientos van para otro lado. Disfruto y trato de hacer lo mejor que pueda, pero si me preguntás ahora, estoy pensando cómo hago para ganarle horas al día y estar con Rufina.

—¿Y el dinero?
—Tuve la posibilidad de hacer un montón de cosas y siempre apunté a ir mejorando. O sea, no es que vivo por amor al arte, pero nunca la plata fue lo importante y siempre que pude elegir entre un proyecto en el que me podía rodear de gente que me aportara algo, prioricé eso y no el dinero. La plata nunca marcó diferencias en mi vida.

—¿Qué cosas sentís que te cambió Rufina?
—Todo. Soy feliz, descubro que me cambió hasta los significados de las palabras. El te amo o la felicidad… hoy descubro una felicidad plena haciendo cosas que no hubiera hecho en mi vida, disfrutando o riéndome. Proyectando con ella… Es un aprendizaje maravilloso. Me cambió todo y lo disfruto mucho.

—¿De qué la cuidás particularmente?
—Siempre fuimos cuidadosos con la mamá (la “China”, Eugenia Suárez), pero desde un inicio fuimos muy relajados. No está entre algodones. Yo me crié jugando en las calles de Liniers y Mataderos. Obvio que las cosas van mutando y no es la misma realidad que yo caminaba, pero más que vivirlo con miedo tengo mis recaudos e intento trasladárselo a Rufina. No todo es color de rosa. Intento no estar despistado, pero no vivo con paranoia.

—Ahora que estás haciendo un policial, ¿les prestás más atención a las noticias del género?
—Hay cosas que te enterás y son duras. Los casos que conmueven no te los podés tomar con gracia, es inevitable prestarles atención, pero me siento cómodo en Argentina, sabiendo que las cosas me pueden tocar como a cualquiera.

—Siempre hablaste de tu familia y su origen trabajador. ¿Comparten puntos de vista sobre el país?
—Mi viejo falleció hace un año. Nosotros siempre fuimos una familia tipo y obviamente había cosas en las que estábamos de acuerdo y otras que no. Eso es lo que valoré siempre de ellos y son las cosas que disfruto cuando estoy en Liniers. Ahí nunca fui el actor, sino el hijo de Perico. Las realidades eran distintas, pero nos pasaba lo que a cualquiera.

—¿Qué pensás de los actores que expresan públicamente sus ideas políticas?
—Cada uno dice y hace lo que quiere, y hay que aplaudir que eso suceda. Respeto y valoro a los que hacen lo que creen mejor para sus vidas. No soy crítico de nadie, ni estoy pendiente de nada de eso. No tengo Twitter ni presto atención a esas cuestiones.

—¿Te importa lo que la gente piense de vos?
—La gente debería contestarlo, no consumo eso. Siempre termino en lo mismo. Yo no sé si la gente les presta atención a esas cosas que le dan para consumir, me parece un rasgo hasta tonto creer que ustedes dan eso porque la gente lo consume.

—“Ustedes” no, porque no es lo que estamos haciendo. Es como si te dijera negativamente: “Los actores son de tal manera”. No te va a gustar esa generalización…
—A ver, sin ánimo de ofender. El público a veces sólo lee lo que hay para leer. Dudo que lo que dicen de mí le modifique la vida a alguien.

—¿Te importa la mirada de un colega?
La valoro, según cómo y de quién viene, claro. Tuve la posibilidad de trabajar con muchas personas a las que escucho y valoro, de todo se aprende. Cuando me propusieron el programa y me dijeron que voy a compartir con Luis Luque y Darío Grandinetti, me llené de alegría. Si me apurás y me decís que tengo que trabajar con ellos toda la vida, acepto inmediatamente. Son grandes referentes.

—Otro grande con el que trabajaste fue Alfredo Alcón. ¿Lo recordás seguido?
—Siempre ocupa un lugar en mi vida. En lo profesional, fue lo mejor que me pasó y me va a pasar. Y en lo personal, lo amo con todo mi corazón. Tuve la suerte de conocerlo abajo del escenario, siempre llevo sus frases y sus maneras. El me hablaba mucho y, más allá de todo, era muy divertido. Alfredo era un maestro real. Sin ponerse el cartelito, te estaba enseñando y marcando cosas todo el tiempo… Era de otro planeta, y arriba del escenario, ni hablar. Muchas veces me tuve que dar vuelta para ver si estaba volando.Siempre será el mejor.

—¿Te ves como conductor?
No sé, depende el tipo de programa. Si me decís que es uno para hacer dormir, sí (ríe). No lo tengo en mi espíritu. Seguro que no es nada fácil. Cada uno tendrá sus motivos, y es respetable. Igual, no miro tele más que lo que veo con mi hija. A Topa lo amo.

Archivado en: