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14/11/2010 - 09:16

De Pasillo

Bayly: unos lo quieren, otros lo odian, todos se divierten

Jaime Bayly, el ex “niño terrible” de la televisión, comenzó 2010 como potencial candidato. Quería ser “el primer presidente homosexual e impotente del Perú”. Ahora no sólo no es candidato, sino que tampoco parece homosexual ni impotente.

Bayly, de 45 años, está enamorado de una precoz novelista de 21 años que espera un hijo suyo. Con novia, y embarazada, lo de “homosexual” e “impotente” se relativiza. Y la etiqueta de candidato también se la sacó tras marchas y contramarchas.

El personaje más polémico de la televisión del Perú ahora ni siquiera está en ella. Su contrato con Frecuencia Latina se canceló en octubre tras reiterados choques con directivos del canal. No se sabe si volverá pronto en otra estación, pero hay quienes creen que los poderosos harán lo posible para que esté fuera buen tiempo.

Lo último que hizo en la TV fue golpear persistentemente a la candidata derechista a la alcaldía de Lima Lourdes Flores y apoyar en cambio a la izquierdista Susana Villarán. Algunos hasta creen que su participación fue decisiva en el triunfo de la última, aunque los expertos opinan que eso es sobrestimarlo.

¿Qué llevó a un autoproclamado derechista como Bayly a entrar en contracorriente con la tendencia mediática y jugársela por una izquierdista? No se sabe. Todo está dentro de esa ambigüedad tan suya.

Nacido en una aristocrática familia limeña, Bayly era adolescente cuando entró a trabajar en un diario. Y a los apenas 18 años se convirtió en conductor de programas políticos de televisión. De la irreverencia con que encaraba a los entrevistados salió el sobrenombre de “niño terrible”, acomodado ahora a “tío terrible”.

Con 20 años, le preguntó al entonces candidato presidencial Alan García sobre sus supuestos problemas psiquiátricos. Los entrevistados le tenían pavor. Se enamoró de la televisión y la televisión se enamoró de él. Extendió su radio y ya no se limitó al tema político, sino que habló de farándula, o de fútbol, o de cuanta cosa se le ocurriera, mientras más escandalosa mejor.

Abrió su vida por completo al escrutinio público. Tras divorciarse hace algunos años -sus dos hijas son ahora adolescentes-, reveló su bisexualidad y los besos y coqueteos con hombres pasaron a ser parte de sus programas.

Las fronteras peruanas le quedaron pequeñas. Trabajó en diversos países, se transformó en una figura internacional y los programas en que hablada por ejemplo de cómo había quedado impotente por las pastillas psiquiátricas lograban elevados índices de sintonía.

Incursionó además en la literatura. Novelas como “No se lo digas a nadie”, “La mujer de mi hermano” o “Los últimos días de La Prensa”, todas con rasgos autobiográficos, se convirtieron en best sellers, aunque sobre la calidad de las mismas haya discrepancias.

Su pretendida candidatura presidencial fue de escándalo. Su visión económica podría ser conservadora, pero el programa era libertario: legalización del aborto, las drogas y las bodas gay, abolición de las Fuerzas Militares y no más privilegios para la Iglesia católica.

“Con Bayly, nada. Lo he visto besándose en la boca con otro hombre, haciendo gala de eso. No tiene principios morales. ¿Qué cosa le va a transmitir a la juventud?”, dijo el obispo Luis Bambarén. El Perú entró en estado de alerta.

La pretensión parecía ir en serio. Hasta presentó a la potencial primera dama, Silvia Núñez del Prado, la novelista, lo que supuso un alejamiento del escritor argentino Luis Corvacho. Éste le reclamó y el periodista le respondió en público: “Si quieres ven al programa y cuentas que eres mi amigo gay y amante ocasional. Pero no puedo pedirte que seas la primera dama del Perú, porque se vería ridículo”.

La fiesta duró poco. Bayly creció rápido en los sondeos, pero la ola se frenó sin pasar del cinco por ciento. Y luego se peleó con el partido derechista Cambio Radical (CR), que respaldaba institucionalmente la candidatura, porque su líder, José Barba, escogió para postular a la alcaldía de Lima a Álex Kouri, político con discutidos antecedentes.

“Esto (CR) parece una casa de citas y Barba parece una madame. Me bajo de esta puta combi (camioneta)”, sentenció. Se quedó huérfano de partido y la pretendida postulación se fue diluyendo.

Pero su papel político siguió. El programa “El Francotirador”, que de dominical pasó a diario, fue dedicado casi por entero al ataque a Flores, hacia quien siempre había mostrado adhesión. Incluso transmitió conversaciones privadas grabadas en forma ilegal a la candidata, como aquella en la que ésta, molesta por encuestas negativas, lanzó la famosa: “Métanse la alcaldía al poto (trasero)”.

Con el conteo lento y estrecho, Bayly insinuó que se preparaba un fraude contra Villarán. El canal marcó distancias y el programa se acabó. Para alivio de muchos y lamento de otros, las noches en la tele ya no fueron las mismas.

Irreverente, divertido, hábil, culto, provocador, carismático, hilarante, grosero, explosivo, flagelador y autoflagelador, Bayly nació para protagonista. Mientras vuelve, los peruanos saben de su vida a través de una columna de diario, en la que cuenta por ejemplo cómo su ex esposa lo considera un cornudo que se cree la historia de que el hijo de la novelista es de él.

Por Gonzalo Ruiz Tovar (dpa)

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