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30/10/2010 - 14:08

Mundo

Javier Bardem: “El día que trabaje con Al Pacino cierro el kiosco”

El diario Perfil entrevistó, vía telefónica, a Javier Bardem, quien se encuentra en Londres, con motivo del estreno de Biutiful, el film de Alejandro Iñárritu .

Ganador de un Oscar, la estrella internacional elige quedarse en España para ser mejor actor y estar con sus afectos. En breve estrena Biutiful, de Alejandro Iñárritu, que se sostiene sólo por su actuación descomunal que le mereció el premio al mejor actor en Cannes y que representará a México, en la carrera por los Oscar

En el filme, Bardem actúa con la argentina Maricel Alvarez. El actor elogia a su maestro Juan Carlos Corazza, y a Ricardo Darín, a quien define como “un loco”.

—Con este papel ganaste el premio al mejor actor en el Festival de Cannes, antes habías ganado el Oscar. ¿Cómo te tomás los galardones?
—Hombre, es un gran privilegio y una gran suerte. Al mismo tiempo, hay que ser un poquito controlado. Ante los premios intento mantener una cierta distancia, entender siempre que los premios no pueden convertirse en causa de nada, sino en verdad consecuencia. Es muy bonito asistir a la ceremonia, me pone muy alegre recibir un premio, pero ya.

—¿Es difícil sostener el trabajo actoral mientras la prensa mundial te considera una estrella?
—No. En ese sentido, no. Uno tiene un material y una forma de trabajar, y cuando me convocan para un proyecto lo que hago es concentrarme en eso. El otro día leí una frase que me impactó, que me gustó mucho: “lo único importante es lo que te cuentas a tí mismo”. Es una frase muy sencilla, que encierra una gran verdad. Si tú no te dices que eres una gran estrella, eso no tiene por qué apabullarte. Lo que digan los demás, bueno, no importa.

—A diferencia de Antonio Banderas, cuando triunfaste en Hollywood decidiste quedarte en España. ¿Por qué?
—Bueno, pues no veo por qué no. He vivido toda mi vida aquí. Aquí he vivido siempre, está mi familia, mis afectos, mi gente. Y porque España es mi país, mi cultura. Además, para serte sincero, no es que me hice actor para irme a vivir a otro sitio. Y por mi forma de encarar la actuación, lo mejor que puedo hacer es quedarme en España. Yo no he llegado a la fama por buscarla, sino por una serie de accidentes, de maravillosos accidentes que nos pueden ocurrir a cualquiera. Pero para continuar siendo actor, debo mantenerme centrado, es decir en el centro de mi vida, de mi cultura y de mis afectos. Esto es lo mío: soy un actor que vive en España. Y bueno, si a alguien le interesa, vendrá.

-Pese a la fama que te rodea, se te escucha muy sereno y muy humilde…
-(interrumpe) Bueno, muchas gracias, eso me lo tomo como un halago.

—Lo que quería preguntarte en relación con eso es: ¿cuánto ha influido el provenir de una familia de artistas?
—Muchísimo. Provengo de una familia donde ser artista es lo normal. Lo extraño hubiese sido que no lo fuera. Ellos me han dado los elementos que me formaron ética y profesionalmente. En cada uno de mis trabajos pongo en práctica cosas que me enseñaron ellos. Y sobre todo, te confieso que de ellos aprendí la sensación de que nuestra profesión es larguísima como el río. Y, como el río, tiene sus vueltas. Es una profesión muy larga, con sus altas y sus bajas, y hay que estar preparado para cuando lleguen las bajas. Eso es una cuestión de actitud. Lo que me aconsejaron siempre es hacer un trabajo de introspección. Tienes que estar muy sereno para detectar cuándo hacés las cosas bien y cuándo las haces mal. Porque esto es muy largo, y es evidente que voy a tener algunos trabajos malos.

—¿Cuál es tu relación con Juan Carlos Corazza, el argentino que entrena actores en Madrid?
—Es un amigo del alma, una de las personas más importantes de mi vida. Es mi profesor desde hace veinte años, y podría decirse que es mi mentor. Cada vez que puedo –esto es, cada vez que tengo tiempo– sigo yendo a su escuela. Desde hace muchos años que construyo y elaboro todos los personajes con él. Juan Carlos tiene un don para leer el material, para entender los lenguajes y los personajes. Es muy creativo. Te juro que trabajar con él es muy divertido, y para mí es un alivio saber que él existe, que él está allí, en su escuela de teatro, y me va a ayudar con mi trabajo. Trabajo todos mis personajes con él, siempre abierto a la opinión de los directores. Por lo general, cuando me convocan de una película me reúno con los directores y les pregunto qué quieren. Luego de eso, le explico a Juan Carlos qué es lo que quiere el director, y comenzamos a trabajarlo. Así es como descubrimos cosas nuevas, que le propongo al director, pero siempre tomando en cuenta, con respeto, su punto de vista. Juan Carlos me guía.

—Tengo entendido que lo conocés a Ricardo Darín…
—Un loco. Ricardo es un loco.

—¿Qué pensás de él como actor?
—Mira, la primera vez que vi El hijo de la novia yo no lo conocía. Me gustó tanto que la vi cuatro veces. Entonces, por mi forma de ser, me puse a insistir y a insistir hasta conseguir su teléfono. Yo lo único que quería era comunicarme con él para decirle cuán maravilloso me había parecido su trabajo. La película también me gustó muchísimo, me impactó, me llegó a lo más profundo, me movilizó. Y cuando por fin lo llamé él me atendió muy bien. Al principio los dos hablábamos con un tono muy formal, pero en menos de un minuto ya estábamos charlando en términos más amenos. Un poco después, nos encontramos de casualidad en Madrid, y comenzó lo que es nuestra relación de amistad y admiración mutua. Somos amigos, y cuando podemos nos encontramos. Lo admiro muchísimo. Me parece que ha trabajado muchísimos años, que ha demostrado que puede hacer de todo y finalmente ha llegado a un lugar de privilegio que se tiene bien merecido.

—Muchas mujeres te ven como sex symbol. ¿Tomás eso en cuenta a la hora de exponerte a una cámara?
—No, no. Como te decía antes, lo que digan los demás me tiene sin importancia, por más que digan que soy el hombre más lindo del mundo (se ríe). Hombre, escucho cuando dicen qué hago bien y qué hago mal. Y, obviamente, me pone muy feliz que me digan que actúo bien. Pero no me importa que digan que soy guapo.

—Trabajaste con Woody Allen, Pedro Almodóvar, los hermanos Coen, Bigas Luna… ¿Te queda algún sueño de estar bajo las órdenes de algún director en particular?
—¡Uf! Hay muchísimos. Y, sobre todo, hay muchísimos que no conozco, o que quizás no comenzaron a dirigir. No quiero ser injusto, por lo que hablaré de tu país. Me gustaría mucho trabajar con Juan José Campanella y con Adolfo Aristarain… Hombre, igual te confieso que mis fanatismos no son tanto con los directores como con los actores. Mi verdadero sueño es actuar algún día, en lo que sea, con Al Pacino. Ese es mi sueño.

—¿Ese día te darás por hecho?
—Te lo juro: ese día cierro el kiosco…

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