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18/07/2010 - 15:32

Teatro

Leonor Manso y Cecilia Roth protagonizan “Amor, dolor y qué me pongo”

Son muy distintas. Mientras Cecilia Roth habla con voz fuerte, Leonor Manso lo hace casi en susurros. Mientras la rubia apoya las palabras en movimientos de sus manos, la morocha permanece casi inmóvil. Realizaron trayectorias distintas hasta por cuestiones geográficas –mientras Manso permaneció siempre en la Argentina, Roth tuvo un período clave en España, donde incluso fue una “chica Almodóvar”–, pero la actriz, adaptadora y directora Mercedes Morán vio que eran compatibles como para estar en el mismo escenario, en la obra Amor, dolor y qué me pongo, escrita por las hermanas Nora y Delia Ephron –la primera, autora de la ya clásica Cuando Harry conoció a Sally–. Como para completar perfiles disímiles hasta en lo generacional, el elenco lo completan Jorgelina Aruzzi, Ana Katz y Mercedes Scápola.

—El título de la obra plantea que los tres elementos están en un mismo nivel. ¿Para la mujer es lo mismo el amor que el dolor y que la frivolidad de con qué vestirse?

ROTH: Uy, vamos a tener que desestructurar a un hombre…

MANSO: En esta obra el qué ponerse no es algo frívolo.

R: En esta obra lo frívolo es el amor (risas)… No vamos a encarar el tema de la ropa desde el consumismo o lo que se muestra en Sex and the city. La ropa es una forma de ver la historia de una vida.

—¿Por qué es tan complicado para las mujeres elegir qué se van a poner?

R: Porque es la forma en que te van a ver. Una tiene que elegir cómo quiere ser mirada, cómo quiere ser interpretada. Es toda una complicación.

M: Es cómo nos enfrentamos al mundo, e implica una gran introspección. Para la mujer, la forma de vestirse tiene que ver con cómo se conoce, cómo se siente. La mirada del afuera existe, pero cuando una mujer se mira ante el espejo lo que se pregunta es “¿cómo me completo?”.

—El lugar común indica que las mujeres sólo sufren por amor. ¿Es así?

R: ¿Es que hay algo que no sea amor? ¡Claro que duele el amor! No el amor de pareja, solamente. Lo que duele dentro de uno tiene que ver con el amor o la falta del amor.

M: Lo contrario del amor es el dolor.

R: Claro, el opuesto del amor no es el odio sino el dolor.

—¿Hay un género teatral femenino? ¿Es factible separar a la mujer del hombre?

R: A través de la mujer se puede hablar de la humanidad.

M: Lo que pasa es que suele hablarse de preconceptos. Esta obra habla del mundo sensible, y lo sensible tiene que ver con lo humano.

—¿La mujer acepta más que el hombre ese costado sensible de la existencia?

M: Sí, pero hay una necesidad de cambiar eso. Hay un tema cultural: al hombre se le exige que no afronte ese costado sensible. No se trata de que el hombre no tenga un lado sensible, que lo tiene. Lo que pasa es que llevamos siglos con esta cultura que divide a los hombres y las mujeres, y tanto tiempo hace que pareciera que esas supuestas diferencias están inscriptas en el ADN. El hombre tiene una carencia, al no poder afrontar ese costado sensible.

R: En el último siglo las mujeres estamos cambiando esa cultura. Nos permitimos salir de ese lugar sensible, por suerte, y empezamos a caminar esos caminos que se suponían eran masculinos. Al hombre no le es tan fácil salir de ese molde. Tal vez no es tan fácil entrar en el lugar sensible de la mujer.

M: Toda esa división de roles tiene que ver con el concepto cultural de la familia. Y la familia culturalmente tiene una raíz económica. Hasta hace no mucho, a nadie se le pasaba por la cabeza casarse con quien amaba: lo prioritario eran las dotes, los intereses, los negocios. Los que quieren sostener esos roles, esa familia rígida, lo que quieren es sostener el sistema económico tal como está. Porque esa idea de familia traía aparejada la idea de que los hijos eran propiedad de los padres y no personas, que la mujer era propiedad del marido y si él se ausentaba tenía que llevar un cinturón de castidad para asegurarle al patrón que la propiedad iba a ser sólo de su fruto.

R: Lo que hoy se llama “familia disfuncional” no es disfuncional, son nuevas formas de familias que todavía no alcanzamos a asimilar.

M: Basta de defender la familia como algo abstracto: lo que se está defendiendo es un interés económico.

R: ¡Exacto! Y luego del matrimonio gay viene el debate por el aborto, que es otro gran interés económico. A ver si de una buena vez se acaba con esa construcción de poder.

—Después de este tema, ¿el siguiente es el aborto?

R: Sí. Por suerte, sí.

M: Por supuesto que yo creo en que la opción debe estar en manos de la mujer, pero debe existir educación sexual. Eso también es una obligación del Estado.

R: La mujer tiene derecho de decidir sobre su cuerpo, y tiene el derecho de hacerlo asistida por el Estado. Es lo que viene.

—Ustedes representan a cierto sector del espectáculo que tiene ideas progresistas. ¿Qué piensan del cruce de Mirtha Legrand con Roberto Piazza?

R: ¿Qué pasó?

PERFIL les explica, entonces, que la conductora de los tradicionales almuerzos le preguntó al diseñador de moda si el hecho de que una pareja de homosexuales adopte a un niño no facilitaba la posibilidad de que lo violasen.

M: Ay, por favor, no le demos entidad a algo semejante.

R: ¿Perdón? ¿En serio dijo eso? Por favor, no subrayemos algo que no tiene importancia. Por favor, que haya un debate auténtico que no responda a intereses ocultos.

—¿Es distinto el amor y el dolor a medida que uno va creciendo?

M: Sí. A medida que pasa el tiempo hay más amplitud, más comprensión.

R: Si esto fuera un mundo ideal, la experiencia tendría que ayudarnos a tener menos miedos, a ser más generosos. Claro que para eso también haría falta que el otro también tenga menos miedos y sea más generoso (risas). ¡Si me vas a dejar caer, por lo menos dejame un colchón en el piso, flaco! (risas). Lo bueno estaría en que cuando una crece comprenda que en el amor hay que ser menos posesiva, más comprensiva, menos egoísta. Y en el dolor también.

—¿Por qué en el dolor hay que ser menos egoísta?

R: Porque el dolor se vive en soledad.

M: Sí, totalmente.

R: El que está acompaña, pero es insuficiente.

—¿Le temen a la soledad?

R: La soledad es inevitable. En la vida hay encuentros y desencuentros. La vida es eso.

—¿La frase que más le dice una mujer a un hombre es “no me entendés”?

R: Sí, “vos no entendés”.

M: También la dicen los hombres: “Después te explico, vos no entendés”.

R: Los hombres son más de decir “vos no entendés nada”. Si te pasa algo, lo primero que te dicen es “qué te pasa, ¿estás con la regla?”. Y es verdad: no nos entienden. Cuando una mujer le dice al hombre que no la entiende, no es una acusación: es una realidad. Lo que le está diciendo es “no me entendés, pero compartime”. Yo no le pido a un hombre que me entienda. Darse cuenta de que el otro es un enigma para el resto de la vida es un punto de encuentro, de aceptación.

M: Y de respeto.

Hay instantes en que el entrevistado predice al entrevistador. Cuando la charla está por finalizar, PERFIL le dice a Leonor Manso:

—Quería preguntarle, con todo respeto…

La actriz responde de dos formas. Primero, con el cuerpo: cierra los ojos, las manos abiertas se adelantan, los hombros se encogen en un conjunto de movimientos como si Manso deseara acobijarse. Luego, responde con palabras:

MANSO: No, ese tema no lo voy a tocar.

“Ese tema” es el fallecimiento de su hijo Lucas, a quien se encontró sin vida luego de 34 días sin que se supiera de su paradero. Ni ella ni Antonio Grimau, padre de Lucas, hicieron declaraciones cuando se halló el cuerpo de su hijo.

Como si hiciera falta, Cecilia Roth interviene:

ROTH: No, no, eso no.

El gesto y la mirada de Manso ante PERFIL envuelven muchas cosas al mismo tiempo: necesidad de reservarse ese tema para sí misma, la imposibilidad de hablar de eso en público. Quizás porque no existen palabras que traduzcan o expresen lo que ocurre dentro de ese cuerpo que se achica, quizás porque en ningún idioma humano existe una palabra que defina lo que es perder un hijo.

“Amor, Dolor y qué me Pongo”, Teatro Tabaris, Av. Corrientes 831.

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