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01/03/2010 - 22:28

De Pasillo

Ricardo Darín: “Me gustaría que ganemos el Oscar, sobre todo por Campanella”

Ricardo Darín, el actor más emblemático del país aceptó hablar en profundidad con Revista LUZ sobre su vida, sus alegrías y tristezas y sobre las razones por las que eligió, nuevamente, bajarle el tono a la expectativa por los premios de la Academia.

“El otro día, en la conferencia de prensa sobre este tema, escuché que alguien decía con enojo: ‘¿Qué le pasa a Darín que está con cara de culo?’ (hace un gesto de fastidio) Es como que acá siempre te piden lo mismo: que te cuelgues del alambrado y que después te encadenes al Obelisco al grito de ‘dale campeón, dale campeón’. Todo es a pleno en este país y la verdad es que yo no estoy muy de acuerdo con esa idea tan argentina y desbordada del éxito. Lo sublime y lo ridículo, aunque lo olvidemos seguido, están a sólo un paso de distancia”, comenta.

– ¿Vas a ir entonces a la ceremonia en Los Ángeles?
– No lo sé. Las películas extranjeras suelen tener muy poco espacio para invitados y, además, siento que ya viví esto (pausa). Te soy sincero: no me gustaría estar ahí, pero a la vez reconozco que soy débil y que es probable que me terminen convenciendo. ‘Dale, pá, vamos’, me suplicó el otro día mi hijita…

– ¿Te imaginás cómo podría ser esa noche?, ¿te pone nervioso?
– Los nervios supongo que llegarán con el correr de esta semana, pero lo cierto es que todavía ni me puse a imaginar nada. Si bien no es un sueño que me desvele todas las noches, me gustaría que lo ganemos, sobre todo por Campanella, que es un gran tipo y un increíble director. Si eso sucede, te prometo que me peleo con Francella para ver quién dice primero su muletilla “¡a comerla!” (risas).

– Cambiando de tema, este año arrancó con la actuación tu hijo Ricardito, ¿cómo lo viste?
– Lo vi bien, intentando hacer un camino, que de por sí es muy difícil, ya que estoy convencido de que cargar con un apellido (¡y un nombre!) conocido es una terrible ancla atada al pie. Yo sólo opino cuando me pregunta. Eso es lo bueno. Me consulta y me busca bastante. En algunos aspectos, esa facilidad para la charla que tenemos (incluso para seguirla hasta altas horas de la madrugada) me hace recordar mucho a la relación que yo tenía con mi viejo. Me enorgullece que tengamos ese diálogo.

– ¿Qué errores de tu padre te gustaría no repetir con él?
– Es difícil, nosotros siempre nos creemos distintos, superadores de lo anterior y la verdad es que todos los seres humanos pasamos por cosas, sino iguales, al menos muy parecidas. En ese sentido, el día que mi hijo me respondió y me dijo: “Basta papá, me voy a cuidar, pero no lo repitas más”, me cayó una ficha importante. Lo que podés intentar, y creo que lo hacemos bastante, es acercarnos sin avasallar. Tanto yo, como mi mujer, somos muy presentes: Ricardo y Clara nos tienen siempre al alcance de la mano.

– Alguna vez dijiste: “Todo lo que soy, se lo debo a Florencia”¿Es así? Muchos manuales de autoayuda desconfiarían de la idea de depositar tanto en el otro…
– Es probable que desconfíen, pero por una simple razón: no conocen a Florencia… Fuera de broma, ella es esa clase de compañeras que están siempre conteniéndote, pero sin pasarte ni una sola factura. Es que no lo hace por sacrificio, sino porque forma parte de lo que es y de lo que le gusta ser.

– ¿Y vos, retribuís esa contención?
– Trato, pero te diría que no suelo estar a la altura de las exigencias ¿Qué exigencias? Nuestra vida. Nosotros giramos alrededor de un muñeco que tenemos en casa que se llama Ricardo Darín que muchos nos quieren hacer creer que es un fenómeno y que nos “obliga” a estar atentos a todo un incesante ruido exterior que puede convertirse en algo muy tóxico. Nos solemos hartar bastante de ese fenómeno y ahí nuestras dos únicas armas de defensa son tomarse al muñeco Darín en broma y hacer foco también en lo verdaderamente importante. En ambos temas, Florencia me supera ampliamente… (risas)

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